VOCES NUEVAS CAT

Juan David Álvarez Sarmiento Investigador en formación

Las mujeres y el cambio climático

Un repaso por la realidad del sexo femenino en la toma de decisiones

Juan David Álvarez Sarmiento

   El estudio del cambio climático como fenómeno provocado por actividades antrópicas está acompañado en los anuales históricos del siglo XX por una diversidad de movimientos sociales que hacen eco hoy en día. Uno de ellos, como medio de emancipación hacia nuevos derechos civiles y participación equitativa es el feminismo, expresado en sus comienzos por el movimiento sufragista, y, que posterior a este momento, se alinearía con la incipiente preocupación por las consecuencias del modelo económico en el entorno. Precisamente, la incógnita que suena en gran manera tentadora a la imaginación es ¿Cómo habrían respondido las mujeres al cambio climático si se les hubiese dado empoderamiento cincuenta años atrás? Ya qué, si por un momento se hace memoria, vemos un común denominador en las decisiones tomadas –y no tomadas- en el siglo pasado gubernamental, empresarial y culturalmente: Han sido en su mayoría hechas por hombres.

El alcance que han tenido las voces de mujeres que reclaman la apertura de posibilidades de empoderamiento e influencia, ha sido notable. Esto se puede ver reflejado en países como la India donde la Barefoot College, con el apoyo de la ONU, ha capacitado a mujeres analfabetas con habilidades de técnicas para ensamblar e instalar lámparas solares en zonas no interconectadas a la red eléctrica. Por lo general, estas zonas de difícil acceso en India o algunos países de África suele obtener su energía a partir de la quema de Keroseno. Se estima que las mujeres formadas por Barefoot college ahorran aproximadamente 160.000 litros de Keroseno al mes en los diferentes países donde este programa educativo social ha sido desarrollado. (Unwomen, 2018)

Si bien ejemplos como estos existen en la actualidad y ofrecen una lógica para la inclusión de las mujeres –incluso las menos favorecidas- preferiblemente a decisiones de gran envergadura, el contraste con la realidad de ser las mayores afectadas por el cambio climático convoca a hacer un recuento de lo que ha sido el rol de la mujer en la era del cambio climático. A partir de ciertas cifras podemos concluir estadísticamente que la mayoría de habitantes en zonas con alto riesgo de desastres son mujeres en condiciones de pobreza. Según CCCBLAB (2017) las mujeres representan dos tercios de la fuerza de trabajo en los países menos desarrollados en las comunidades más rurales, que están expuestas al aumento de la sequía y la desertificación. A continuación, algunos datos proporcionados por este centro de investigación:

Las mujeres rurales producen hasta un 60 % de la comida del hogar, pero raramente son propietarias de la tierra. En la zona subsahariana, representan un 75 % de la fuerza de trabajo, pero solo poseen un 1 % de la tierra, según Oxfam. De acuerdo con el World Economic Forum, en la actualidad, el 60 % de las personas que sufren desnutrición son mujeres y niños.

En el año 2016 había 1100 millones de personas sin accesos a energía, y alrededor del 70% eran mujeres y niños.

Entre los refugiados climáticos que se esperan para el 2050 (Entre 50 y 200 millones) el 80% serán mujeres y niños.

No obstante, las mujeres no han tomado simplemente el papel de víctimas, por tal motivo, las repercusiones del empoderamiento femenino en la crisis climática se reflejadas en acciones, y en cifras que parecen indicar que las mujeres están más preocupadas por el cambio climático que los hombres, y, tomando a Europa como muestra, la ONU indica por ejemplo que, el número de proyectos de agua potable es 62 % más elevado en localidades dirigidas por mujeres. O, de acuerdo con Oxfam, las granjas en países desarrollados dirigidas por mujeres con educación de alta calidad son 22% más productivas.

Hasta el momento, los resultados han sido acciones que en su contexto específico han dado resultado gracias a la buena gestión y ejecución femenina, propuestas con la visión mitigar los efectos del cambio climático y, garantizar el bienestar de su comunidad ante la falta de un entendimiento y compromiso por el cambio de parte del sexo opuesto. Vale la pena anotar que, sumar granjas autosostenibles no produce sostenibilidad, y, como escribe Brigitte Baptiste  -La sostenibilidad requiere un sistema de relaciones e intercambios, la existencia de gradientes espontáneos o construidos, la consideración de puntos focales que operen como fuentes y de otros como sumideros y con ello la existencia de un gobierno que los gestione en las escalas relevantes– (La Republica, 2017)

Y es precisamente, en esa última sentencia donde se encuentra un vacío gubernamental que puede dar amplitud al sistema de acciones generado por las mujeres. La falta de representatividad femenina en las grandes estancias y cumbres internacionales que efectúan el dialogo multilateral ante la crisis climática ha sido el mayor obstáculo para que ese gradiente espontaneo que transita de lo local a lo global sea consecuente al discurso de la inclusión. En el sector privado, el cual es un fuerte aliado a la hora de invertir agresivamente en alternativas sustentables, en 2016 tan solo el 4% de los CEO de compañías Fortune 500 eran mujeres, y su participación total en parlamentos nacionales era del 22,8% (CCCBLAB, 2017). El instituto europeo de equidad de género (EIGE) hizo algunos hallazgos interesantes cuando estudio la incidencia del género femenino en la toma de decisiones relacionadas al cambio climático desde ministerios nacionales, sector energético y de transporte.

Figura 1. Incidencia de las mujeres en la toma de decisiones. Fuente (EIGE

Una de las principales medidas que se han tomado para reducir la brecha de poder ha sido la implementación del plan género en la COP23 de Bonn. Incluso el propio acuerdo de Paris “obliga a los países a incorporar la perspectiva de género en sus políticas climáticas” (Espinosa ,2018)

Las cifras mostradas tan brevemente, dan a entender que las mujeres juegan un papel clave en todo el tejido social y que su liderazgo es clave para la toma de decisiones que en contextos locales generen sostenibilidad apoyada en acciones concretadas. Desde ser las mayores afectadas por crisis migratorias, hasta su tenue representatividad presencial en paneles globales de discusión y organismos institucionales, está claro que los resultados que muestran a la hora de gestionar y ejecutar proyectos y resoluciones es notable y, tiene que ser reproducida con más énfasis en los poderes que pueden transformar todo el modelo económico y energético en miras a una ecología equitativa.

 

Referencias

 http://www.unwomen.org/es/what-we-do/economic-empowerment/sustainable-development-and-climate-change

http://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/204178/9;jsessionid=F07446ADB186A764B123081A063497F7?sequence=1

file:///C:/Users/jalvarez41/Downloads/Gender%20Equality%20and%20Climate%20Change%20-%20Main%20Findings.pdf

http://lab.cccb.org/es/el-cambio-climatico-desde-una-perspectiva-de-genero/

https://www.larepublica.co/analisis/brigitte-baptiste-506149/sumar-divide-2599496

 

 

 

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