'Fracking’, bajá un cambio

¿Podrán conciliarse aspectos de negocios, ambiente, salud, desarrollo y transición energética?

Por: Manuel Guzmán-Hennessey* @Guzmanhennessey

Es probable que el debate sobre el fracking se autoorganice. La ciencia sostiene que es una técnica peligrosa para la salud humana; otros (científicos del IPCC) han planteado que el gas de esquisto funciona como hidrocarburo de transición, hacia una economía sin carbono. “Bajá un cambio”, dicen los argentinos cuando quieren replantear un diálogo. En el primer escenario, es correcta la decisión del ministro Murillo: posponer la implementación hasta que estemos preparados para prevenir y mitigar los riesgos. Pero el escenario puede autoorganizarse (cinco, diez años) debido al mercado favorable de las energías renovables, que moverá el interés de los inversionistas hacia este nuevo nicho.

El tema migraría del sector ambiental al energético. El ministro de Minas deberá decirnos si existe una política energética que contemple los aportes del fracking en la reducción de emisiones, en asocio con las renovables. Y si nos alcanzará nuestra institucionalidad para controlar los riesgos de las explotaciones en el horizonte 2020-2040. ¿Podrán conciliarse los aspectos de negocios, de ambiente, de salud pública, de comunidades, de desarrollo y transición energética? La puerta que abrió el IPCC (2014) para considerarlo gas de transición es inequívoca y difícil: que sustituya al carbón, que las fugas de metano se mantengan mínimas y que la transición sea de corto plazo. Si esto no sucede, se fortalecerá el escenario de la moratoria; y si esta se plantea de largo plazo, en la práctica equivaldría a prohibición, como han hecho muchos países.

Entonces el debate volverá al sector ambiental, y el escenario de la transición (que es el ideal) se enredará por falta de institucionalidad y, otra vez, por no haber definido cuando tocaba (es decir, ya) una política energética y de desarrollo: clara, ambiciosa, moderna, que contemple una ruta de largo plazo. Está claro que si la transición, globalmente, no se empieza antes de 2050, nos quedará muy difícil hacerla después. El escenario que nos esperaría sería de crisis generalizada y pobreza extrema. Conciliar todo esto es complejo. ¿Por qué no le damos la palabra a la ciencia? A la academia de ciencias y a las universidades. Bien podrían sugerir esta hoja de ruta 2020-2050. Bajar un cambio y mirar entero. He ahí la cuestión.

*Director de KLN.

Publicado originalmente en El Tiempo 

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Minería, ‘fracking’ y petróleo

Minería, ‘fracking’ y petróleo

Por: Manuel Rodríguez Becerra @manuel_rodb

No a la minería, no al ‘fracking’ y no al petróleo. ¿Por qué este creciente rechazo, que se expresa con contundencia en los resultados de las consultas populares? Si no hacemos un intento serio para entenderlo y cambiar las políticas predominantes, lo único que se puede prever es que los conflictos socioambientales sobre estas actividades extractivas aumentarán y se agudizarán.

Ante el No de las comunidades, altos funcionarios, tecnócratas y dirigentes del sector privado responden, con inusitada frecuencia, con una mezcla de lugares comunes, arrogancia y autoritarismo, que para lo único que sirve es para agudizar el conflicto. En ocasiones ni siquiera responden, como fue el caso de una solicitud de moratoria al ‘fracking’ firmada por 25.000 ciudadanos que, con el liderazgo de De Justicia, el Foro Nacional Ambiental y WWF, presentamos en 2014 a las más altas autoridades. La misma suerte corrió una segunda solicitud de moratoria, suscrita por más de cuarenta organizaciones. En ambas solicitudes, la moratoria está debida y robustamente sustentada.

La posición predominante en el Gobierno la encarna el ministro de Minas, Germán Arce, que pidió a quienes cuestionan el ‘fracking’ que “muestren pruebas científicas del daño ambiental”. ¿Será que Minminas no ha leído el reciente informe de la EPA (la autoridad ambiental de EE. UU.), o el estudio ‘Environmental Impacts of Shale Gas Extraction in Canada’, realizado en 2014 por su consejo de academias, o que no está informado sobre los múltiples estudios científicos, adelantados en EE. UU. y otros países, todos los cuales muestran los riesgos ambientales y sociales de esta modalidad de extracción, así como los daños ocasionados en lugares concretos? ¿O será que no se dio cuenta de que el estado de Nueva York prohibió esta actividad, a similitud de otras localidades de EE. UU. y algunos países europeos? A Minminas hay que recordarle que es el Gobierno el que tiene la obligación legal de demostrarle a la ciudadanía que los riesgos para el agua y la salud, así como los riesgos del incremento de la actividad sísmica, identificados en territorios de otros países, serían aceptables y manejables en el caso de Colombia.

Por fortuna, el ministro de Ambiente, Luis G. Murillo, quien cuando ingresó a su cartera encontró la política de ‘fracking’ ya andando, reconoció con valor, en recientes declaraciones, que el país no está preparado para esta actividad y señaló la urgencia de realizar un conjunto de estudios sismológicos y de aguas superficiales y subterráneas y una evaluación ambiental estratégica en el Magdalena Medio. Así mismo, subrayó la necesidad de fortalecer la capacidad de Minambiente y Minminas, confirmando con claridad lo que muchos sabemos: que el Gobierno cuenta con una lánguida capacidad técnica y administrativa en la que es difícil confiar. Estas son, justamente, parte de las principales razones que motivaron las solicitudes de moratoria, la que algunos países se han dado para entender mejor el asunto y definir si se lanzan o no al ruedo.

La decisión de diversos gobiernos del mundo de aceptar el ‘fracking’ se ha basado en muchos casos en el pragmatismo económico, sin importar los riesgos sociales y ambientales. Lo mínimo que le podemos pedir al Gobierno de Colombia es que no siga transitando por ese camino y realice con seriedad y transparencia el programa de alistamiento a cinco años propuesto por Minambiente, que serviría para definir en dónde se hace ‘fracking’, en dónde no y por qué.

Es obvio que todo país requiere de la minería, del petróleo y del gas, pero en Colombia es urgente que el Gobierno y la dirigencia privada replanteen a fondo las formas de adelantar estas actividades, incluyendo su aproximación a las comunidades, al medioambiente y a los municipios, a partir del reconocimiento de que el No es, en parte suma, producto de su propio cocinado. Volveré sobre el tema.

 

Publicado originalmente en El Tiempo 

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