Los antecedentes del cambio climático

Por Manuel Guzmán Hennessey

El primer Informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento (Limits of Growth 1972) advirtió, que si las tendencias de crecimiento y contaminación se mantenían, el resultado sería una extralimitación en la segunda mitad del siglo XXI.

Hace ciento diez años, el científico danés Svante Arrhenius desarrolló un método para medir las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera; entonces determinó que esas concentraciones eran de 290 partes por millón, en 1895. Dato que ya para 2010 fue cien veces mayor.

En la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM), ONU 2005 se confirma que dos de las tres terceras partes de los servicios de la naturaleza del mundo se encuentran en estado de grave deterioro. A partir de esto el informe concluye que:

    En la segunda mitad del siglo XX los seres humanos han transformado los ecosistemas más rápidamente que en cualquier otro periodo previo de la historia; muchos de estos daños son irreversibles. - Esos cambios están conectados con un incremento considerable del crecimiento económico y de la abundancia material. - Esta degradación de los sistemas naturales podría empeorar en la primera mitad del siglo XXI y sólo podría ser parcialmente revertida si se aplican las políticas económicas, sociales y ambientales adecuadas.

En 1980 ya se sabía ̶ y Stephen Schneider lo predijo casi con exactitud ̶ el grado y la magnitud del problema que hoy afrontamos.

En su libro ‘Global Warming’ están los datos que recoge J. Lovelock en su libro (La venganza de la Tierra, 2008).

Pero la humanidad, y muy especialmente aquella parte que vive en Estados Unidos, acabó haciendo lo que el presidente George H. W. Bush declaró en la Cumbre Mundial de la Tierra en Río de Janeiro (1992) cuando los representantes de las naciones en desarrollo propusieron incluir en la agenda de discusiones el sobreconsumo de los países desarrollados: Los estilos de vida de los Estados Unidos no son negociables.

La frase se recuerda como una muestra de soberbia, pero también como una prueba de estulticia en el liderazgo de país más poderoso del mundo.

A ese modo de vida se refirió Jonathon Porrit en el año 2000, cuando el fin del milenio sugería la posibilidad de hacer balances en todos los campos de la vida moderna1.

“Hoy sabemos que nuestro modo de vida actual es completamente insostenible. En términos evolutivos, insostenibilidad equivale, en definitiva, a extinción. Por lo tanto la sostenibilidad no resulta una opción sino un imperativo innegociable”.

Edmund Hillary, conocido por su espíritu aventurero que lo llevó a coronar la cima del Everest en 1953, pero menos conocido por su trabajo como escritor científico, recopiló una serie de artículos científicos sobre la problemática ambiental global en 1984. En el prólogo de su libro Ecología 2000 “conocer los problemas”, escribió:

“En junio de 1982, en Londres, asistí a la Conferencia sobre Medio Ambiente Humano, organizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

A ella asistieron destacados científicos y altos funcionarios de todo el mundo, y fue una experiencia extraordinaria, aunque bastante aterradora.

Supe con inquietud de la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera. Se discuten aún sus consecuencias últimas, pero una cosa está clara: la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera está aumentando debido a la utilización de combustibles fósiles, a la deforestación, y a los cambios en el uso de la Tierra.

El doctor Robert White, de la Corporación Universitaria para la Investigación Atmosférica en los Estados Unidos (NCAR), prevé que en el transcurso de sesenta años el volumen de dióxido de carbono en la atmósfera se habrá duplicado, y la temperatura media del mundo habrá aumentado en cuatro o cinco grados. Esto, según él, derretirá suficiente hielo antártico como para elevar el nivel del mar en casi tres metros, inundando muchas de nuestras grandes ciudades”.2

En el caso del cambio climático podemos tomar como dato inicial el citado por Hillary: Londres, 1982. La distancia en años que hay entre esta fecha y el Protocolo de Kyoto es de quince. Pero el problema es notablemente más grave.

El Protocolo de Kyoto entró en vigencia en 2002 y los compromisos de los países firmantes prevén tan solo el primer resultado concreto cuando expira su primer periodo de cumplimiento: una lánguida reducción del 5.2% de emisiones de dióxido de carbono en el 2012.

Esto son treinta años entre el descubrimiento del problema y la probable solución, que basándonos en científicos como Lovelock será, en todos los casos, insuficiente.

El de la Conferencia de Londres no es el dato más antiguo que hay sobre el problema.

En 1979 la Organización Meteorológica Mundial (OMM) realizó en Ginebra la I Conferencia Mundial sobre el Clima. Allí se alertó a la humanidad sobre “los efectos negativos de los seres humanos sobre el cambio climático”.

En 1985, poco después de la Conferencia de Londres, en Villach, Austria, se incluyeron por primera vez todos los gases de efecto invernadero en la consideración técnica del problema.

De esta fecha data la primera aproximación de los efectos futuros de las nocivas concentraciones de estos gases en la atmósfera. Se pronosticó que en 2030 los niveles de dióxido de carbono se habrían duplicado.

El libro The Coevolution of Climate and Life (1984), escrito por Stephen Schneider, plantea el peligro del uso incontrolado de los combustibles fósiles.

La humanidad tuvo la oportunidad de rectificar el camino en Bali (Indonesia), en diciembre de 2007, pero no lo hizo.

Una vez más, Estados Unidos se negó a ratificar el Protocolo de Kyoto, a pesar de que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en septiembre de 2007 revela en Valencia (España), que la temperatura promedio del planeta había alcanzado la cifra de 0.7°C en su peligrosa carrera hasta los 2°C, dato que se considera el máximo posible para que el problema se convierta en irreversible.

¿Qué pasó entre 1997 cuando se firmó el Protocolo de Kyoto y mayo de 2001 en la Conferencia de Marrakech cuando Estados Unidos se negó definitivamente a ratificarlo?

Hasta 1988, año en el que se crea el IPCC en el marco del Congreso Internacional “Cambio atmosférico: implicaciones para la seguridad global” en Toronto Un importante artífice de este grupo es un científico: Crispin Tickell. Se creó también la Alianza de los pequeños estados isleños (AOSIS). El año de 1988 es un año hito en la problemática climática global, durante este año James Hansen alertó por primera vez al congreso de los Estados Unidos.

Otros dos libros se publican por estos años: El efecto invernadero y Gaia, escrito por John Gribbin en 1990, y Global Warming, escrito por Schneider en 1989.

Un poco antes de la firma del acuerdo de Kyoto, se realiza oficialmente la que se considera la primera conferencia de las partes (COP) en Berlín, 1995. Este año se conoce el segundo informe del IPCC en el cual se admite, por primera vez, el origen antropogénico del problema.


1 Porrit, J, 2003, Actuar con prudencia: ciencia y medio ambiente, Barcelona, Blume, p 8
2 Hillary E, Ecología 2000, 1984, Conocer los problemas, Editorial Debate, P 12.

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